Soy obviamente poco convencional, pero me gustan más las mujeres que demuestran interés por mí.
Cuando estoy con una chica que demuestra una independencia que en mi mente se transforma en un escaso deseo de compartir el tiempo conmigo, en lugar de hacer que la desee más, opto por dedicarme más tiempo a mí mismo y sólo cuando la chica se da cuenta de que puedo vivir sin ella y eso, si es que llega a pasar, provoca un nuevo deseo por formar parte de mi vida, cambio mi modus operandi y, sin ningún tipo de rencor, todo puede volver a ser como antes.
Las últimas semanas con Sarah fueron lamentables.
Sentí que podría cambiar mi cerebro con el del primero que pasase y ella no lo notaría. Por no hablar de mi físico. Todo daba igual, y siempre olía a cera.
Pero ello, en lugar de entristecerme, me hizo más feliz.
Recordé que mi vida sin ella era plena, sonreía más que ahora, y sólo cuando hacía mucho frío podía echar de menos sus brazos. Aunque también estaba seguro de que en esos momentos echaría de menos los brazos de cualquiera.
Pensaba "no, no podría dejar de fumar por compartir toda mi vida con ella" y eso me reconfortaba.
Ella tenía que forzosamente darse cuenta de la situación porque no sólo era guapa, sino que además era lista. Lógicamente, era más lista que la media de chicas con las que había compartido unos meses de mi vida, ya que es algo evolutivo, pero los sentimientos, tanto dulces como amargos, eran, son y serán los de siempre.
A pesar de todo, seguíamos follando y la gente (excepto algo así como su mejor amiga y ese chico al que ella contaba todo cuando se emborrachaba -que solía ser a menudo) nos veía como una pareja joven, guapa y bien avenida.
Y nos acostamos y la follé y la besé como si fuese la última vez.
Apuesto a que ella lo notó, pero no dijo nada. Ella nunca decía nada.
Si no fuese doloroso, podría coserle los labios entre sí, y estoy seguro de que al ser un hecho tan extraordinario, cuando decidiese decir algo que no pudiese traducir mediante gestos, no sangraría.
Y ante tal milagro no podría hacer otra cosa que permanecer horas y horas con los ojos como platos vacíos y blancos y desear poder comprarla y que fuese mía eternamente.
Pero no, esas cosas nunca suceden.
Tengo una teoría.
Alguien merece la pena cuando piensas en todas las maneras posibles de las que puede actuar, piensas en todas las frases que puede decir y, cuando actúa, te proporciona una opción con la que, no sólo no contabas, sino que además desconocías su existencia.
La vida puede hacer eso, de hecho suele irrumpir de aquella manera que nunca has imaginado.
Pero, ¿una persona?
Puedes contar esos momentos de gloria con los dedos de una mano.
Y ahí estaba yo, bebiendo cerveza para no emborracharme demasiado pronto, y observando rostros cuya expresión me gustaría cambiar abriendo la boca de la manera adecuada, algo que, sinceramente, no haría porque mañana nos encontraríamos en la misma situación y quizá fuese un momento más adecuado.
Ella, me gusta pensar que con un pedazo de mí, viajaba lejos y no volvería en unos días.
A medida que se alejaba la distancia entre nosotros se triplicaba, aunque yo deseaba que fuese la mujer de mi vida, algo que hacía con todas.
Me emborraché, le mandé un sms sin saber que no lo leería y me acosté con un sol radiante mirándome fijamente.
Tuve pesadillas, no peores que las de siempre, que se vieron interrumpidas por la llamada que me informaba de la muerte de Sarah.
No lloré, tampoco lo hice cuando murió mi padre, pero pasé el resto del día, que era enorme, pensando que todo era un sueño.
La gente se dirigía a mí de manera diferente, esta vez con tacto, y yo imaginaba que Vigo era una ciudad referente, que sólo existía para ver los demás lugares del mundo, y que aquí no se vivía, se utilizaba como mirador.
Después pensé lo mismo de mi cuerpo.
Del mismo modo que si supiesen mi reacción ante un ataque nuclear, la gente se sorprendía de mi entereza.
Pero claro, ellos no sabían lo mezquino que me sentía a veces cuando escribía sobre su muerte y dudaba que ella, que todos vosotros, pudiéseis existir sin mi presencia.
Y que, posiblemente, en el momento y viendo el modo en que influía en mi vida, lo mejor hubiese sido que ella fuese eliminada.